El precio de las redes sociales

Polémica en Radio Televisión Española 

Hace pocos días se suscitaba una polémica en torno a un tuit de una veterana periodista de RTVE. La dirección de su propia cadena no vio con buenos ojos el contenido del mensaje lanzado a las redes sociales, llegando incluso a pedirle explicaciones en una reunión a puerta cerrada en el despacho del mismísimo director del ente. Pero no es una polémica nueva. Ni, me temo, será la última vez que ocurra. ¿Hasta dónde llega la marca personal de cada uno, cuando usa las redes sociales? ¿Ser prudentes es una manera de autocensurarnos? ¿La libertad de expresión no ampara lo que escribimos en nuestras redes sociales? ¿Tendríamos que usar dos perfiles diferentes en función de lo que vamos a decir?

El marco actual en el que nos movemos no es diáfano. De ahí que, en el caso de los periodistas, muchos opten por aclarar en sus perfiles que siempre se trata de opiniones personales. Pero, cuando el periodista tiene una enorme proyección, esa opinión personal puede disgustar y mucho. Y a muchas direcciones de medios de comunicación no les gusta que el ruido en torno a una publicación lo haya generado, precisamente, uno de los suyos. En Estados Unidos hay medios que tienen prohibido a sus redactores posicionarse sobre asuntos personales que les ocurran en sus vidas particulares, ya que consideran que buena parte de la notoriedad obtenida la han logrado, precisamente, gracias al medio de comunicación para el que trabajan. Pero, si aceptáramos esa premisa, ¿en el caso de los freelances, estaría más justificado?

Caso distinto es el de la clase política. Presidentes, diputados, senadores, alcaldes y, en resumen, todo tipo de gobernantes y responsables públicos, deberían ser conscientes de que sus cuentas son poco personales porque ellos, en teoría, representan a toda una colectividad. Y que todo lo que digan puede ser encajado por una parte de sus ciudadanos representados… y rechazado por la otra parte. Es parte del juego. Y, si lo que no quieren es situarse en el epicentro de una polémica gratuita, harían bien en publicar con serenidad. Aunque el móvil les pida escribir en caliente. O, como dice un buen colega periodista, “si bebes no tuitees”. Precisamente en esta esfera encontramos numerosos ejemplos de políticos que, a raíz de una desafortunada publicación, se han visto obligados a borrarla. A pedir disculpas. Incluso a dimitir. ¿Precio excesivo, para un tuit?

Como decía, la polémica de la periodista de TVE no creo que sea la última. Ni era un tuit cargando violentamente contra su propio medio ni buscaba, seguramente, enfadar a los suyos. Y, por supuesto, lo hizo con la libertad de expresión por bandera. Como ejerce en su día a día. Pero, para desgracia de muchos y como bien describe el escritor Juan Soto Ivars en su libro “Arden las redes”, las redes, a veces, las carga el diablo. Y más de uno acaba quemándose.

 

Por: Alberto Gomez